13.8.08

La lengua española y el sexismo

13-08-2008

La lengua española y el sexismo

En Rojo

La historia demuestra cómo a veces es necesario y saludable salirse de las normas para educar en libertad. El hacernos conscientes de la influencia del lenguaje en nuestras percepciones puede llevarnos a cambiar sus usos. El lenguaje es el modo de comunicación mediante el cual manifestamos lo que pensamos, sentimos y creemos, siendo uno de los formadores de nuestra conciencia. Al igual que el lenguaje cada lengua tiene su historia y desarrollo particular por lo cual es producto y reflejo de la sociedad. La filosofía del lenguaje, como lo demuestran los escritores Gramsci, Althusser y Bourdieu, revela la íntima conexión entre lenguaje, ideología y poder. Incluso sicólogos y sociólogos de la comunicación han estudiado cómo desde la infancia los hombres y las mujeres desarrollan diferentes estilos de comunicación. Por ejemplo, en nuestra sociedad los hombres interrumpen mayor número de veces a una mujer que a otro hombre cuando están conversando. Una pregunta común en estos tiempos es la siguiente: ¿Es la lengua española sexista? La respuesta de un sector es echarle la culpa a todas las lenguas y con esto finalizar la polémica. Este grupo se olvida que desde su origen unas lenguas son más sexistas que otras. La respuesta de otro grupo de personas es atribuirle a la lengua neutralidad aduciendo que ésta es sólo un instrumento de comunicación y le achacan el sexismo a quien habla o escucha. Sin embargo, cuando desde la sociología, la filología y la lingüística se estudia la lengua española se descubren sus sesgos sexistas, androcéntricos y racistas. El lingüista Alfonso Oroz afirma: “es en el lenguaje donde con mayor claridad se perciben algunas de las pautas sociales que han contribuido a la infravaloración histórica de la condición femenina”. Varios ejemplos recientes confirman esa situación, baste mencionar las investigaciones sobre el lenguaje utilizado en los medios al informar sobre los casos de violencia doméstica. El otro ejemplo lo proveyó, tan cerca como el mes pasado, la presidenta de Chile Michelle Bachelet. Ésta al anunciar la celebración en el 2010 del V Congreso Internacional de la Lengua española, entre risas y con cierta ironía, recordó lo siguiente: “debo decir que ésta ha sido una gran discusión en Chile: la señora Presidente o la Presidenta, la señora ministro o ministra. No sé si la Academia estará de acuerdo, pero hemos acordado en Presidenta y ministra”. Los miembros de la Academia entre los que se encontraba su director Víctor García de la Concha, asintieron. Ambas situaciones y muchas otras nos confirman que la polémica continúa. No en balde Olympe de Gouges en plena Revolución Francesa al percatarse de que la Declaración de Derechos del Hombre, no incluía a las mujeres, publicó en 1791 el manifiesto Los derechos de la mujer, sin embargo, por ello lo guillotinaron. Las filólogas Eulalia Lledó, María A. Calero y Esther Forges estudiaron las dos últimas ediciones del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). Ellas analizaron los sesgos ideológicos, sexistas, androcéntricos y racistas en ambas ediciones. El Informe de 2002 les fue encargado por la RAE, sin embargo, esta institución no acogió la inmensa mayoría de sus recomendaciones. Las modificaciones del más reciente diccionario de la RAE en materia de sexismo lingüístico son mínimas. Dichas autoras encontraron “el modo parcial, tendencioso y subordinado en que las mujeres aparecen representadas en el léxico recogido en los diccionarios”. Además, mostraron “cómo [en los diccionarios] se filtra el pensamiento y la subjetividad de quienes [lo] redactan”. Forgas encontró en el diccionario signos de sexismo y androcentrismo “en un componente lexicográfico aparentemente tan inocente como el de la notación etimológica”. Debemos recordar que la RAE es una institución conservadora. Desde su fundación en 1713 pocas mujeres has sido académicas. La primera, Iraida Guzmán y la Cerda fue nombrada por Carlos III, en 1784, académica honoraria. No obstante, ni Gertrudis Gómez de Avellaneda (1854), ni Emilia Pardo Bazán (1889,1892 y 1912) ni María Moliner (1972), para nombrar sólo algunas, lograron luego de ser postuladas salir electas como académicas numerarias. Todas estaban capacitadas y tenían los méritos, el conocimiento y el prestigio para ser electas pero se alegaba que los estatutos de la RAE prohibían nombrar a una mujer para formar parte de dicha institución. A María Moliner, cuyo Diccionario sobre el uso del español compite favorablemente con el de la RAE, se le llamaba la “académica sin silla”. Finalmente, hubo que esperar varios siglos para que la primera mujer fuera electa para ocupar uno de sus famosos 42 sillones numerarios. Hasta ahora, solamente cinco mujeres han sido elegidas a ocupar alguno de dichos sillones. Éstas son Carmen Conde (1979) y Elena Quiroga (1983) ambas fallecidas; las otras tres que actualmente forman parte de la RAE son Ana María Matute (1998), Carmen Iglesias (2000) y Margarita Salas (2003). No obstante, sabemos que por el mero hecho de que haya mujeres en una institución no significa que ocurran cambios favorables hacia las mujeres. Para lograr cambios se necesita poseer conciencia sobre cuáles son las definiciones sociales sobre las mujeres, cuáles son las condiciones que las mantienen en situación de desigualdad social, económica, política y cultural y, desde esas posturas femeninas y feministas impulsar cambios para su erradicación. Por ejemplo, en el caso específico de las académicas de la RAE a pesar de mostrar empatía con las causas de las mujeres consideran su labor como una de “notarios de uso”(sic). Esto significa que seguirán con todo el rigor la recomendación lexicográfica y sólo cuando la gente utilice mucho y por largo tiempo una palabra, votarán a favor de incorporarla al diccionario. En Puerto Rico desde los años ‘70 se investigan los sesgos sexistas y racistas del lenguaje. Se han publicado varios libros, por ejemplo, El Texto Libre de Isabel Picó e Idsa Alegría y El ABC del periodismo no sexista de Norma Valle et. al. Claridad publica semanalmente la excelente columna Hablemos español escrita por la lingüista Luz Nereida Pérez. En varias ocasiones ella aborda el sexismo y el machismo lingüístico. Además, el poeta Wenceslao Serra Deliz tiene un interesante libro sobre el refranero popular, el racismo y el sexismo. En la red cibernética se encuentran incontables portales con manuales sobre lenguaje no sexista, entre ellos el texto íntegro de la investigación de Eulalia Lledó antes mencionada. Además, organismos internacionales como la UNESCO y la Unión Europea así como los gobiernos de diferentes países y empresas privadas han confeccionado manuales para evitar el sexismo en el lenguaje en sus documentos y transacciones. En la Legislatura de Puerto Rico el Caucus de la Mujer promueve el uso del lenguaje inclusivo.A partir de los años noventa del siglo pasado llama la atención, en la lengua española, el uso del símbolo de la antigua medida de peso arroba (@), usada también en las direcciones electrónicas, como sustituta de la preposición del inglés at. Pero en español viene a representar la grafía a/o. Otro de los usos contemporáneos en la lengua hablada y escrita es el desdoblamiento o la duplicación de términos de género femenino y masculino así como los paréntesis y las barras diagonales para reiterar las terminaciones en femenino y masculino. Sobre esta ultima situación la lingüista puertorriqueña Iris Yolanda Reyes (Qepd), consideraba que dicha representación gráfica del morfema de género del lenguaje “tiende a obstaculizar la lectura innecesariamente”. Para Reyes “este recurso, lejos de ser efectivo para la divulgación del mensaje que se desea transmitir se convierte en su propio obstáculo”. Sin embargo, en aras de construir nuevas opciones para erradicar la discriminación lingüística dichas grafías prevalecen y los manuales no sexistas del español contemporáneos las recomiendan. Entre las recomendaciones actuales para no hacer los textos largos, repetitivos y aburridos es usar formas más englobantes y abstractas en vez de la reiteración. Además, se recomienda la diagonal o el paréntesis cuando se desconoce el género sexual de la persona que recibirá el mensaje o cuando sin su uso la persona que lee no identifica fácilmente a quién le corresponde el matiz que se desea introducir. Otra recomendación al usar la duplicación de términos de género sexual es no escribir o nombrar siempre el masculino primero.No debemos olvidar que al usar palabras en femenino y masculino se lucha contra el poder de las palabras mismas y de esa forma se contribuye a salir del orden simbólico que este poder define. Al buscar un nuevo orden simbólico en las grafías podemos rebatir y alejarnos del pensamiento misógino. Sobre el uso del signo de arroba (@) como un signo antisexista, para incluir el femenino y el masculino, será su uso generalizado y consolidado en el tiempo lo que decidirá su continuación o eliminación. Personalmente no prefiero usar dicha grafía porque sólo sirve para la lengua escrita y en el plano oral es impronunciable porque de leerse sería algo así como “ao”. Además de una parte, no todas las palabras masculinas acaban con las letras “E y O”, ni todas las femeninas finalizan en “A”. Por otra parte, en la grafía de la arroba la letra A está arropada o dentro de la letra O y eso a mi juicio no es lo que se desea simbolizar. Sin embargo, entiendo a quienes prefieren su uso y me solidarizo con quienes así escriben porque no se trata de gusto sino de un reclamo de justicia y equidad. El no reclamar los femeninos correspondientes en las diferentes situaciones lingüísticos perpetúa los estereotipos sexuales y la desigualdad. Por ejemplo, una propuesta que, hasta donde conozco, no ha tenido acogida es la del filosofo Mosterin. Éste, luego de un análisis del origen del significado de ser humano propone cambiarlo a humán, en singular y humanes, en plural. Lo importante a mi entender es que al elegir cómo escribir o hablar no excluyamos a las mujeres, en todos los casos debe haber concordancia entre los diferentes elementos de la oración y se debe tener precaución de no usar el femenino o masculino en vocablos de una sola terminación gramatical. Para asegurarnos y detectar el sexismo o la discriminación podemos usar la regla de la inversión. Ésta consiste, de acuerdo al estudioso del lenguaje Álvaro García Meseguer, en cambiar la palabra mujer por hombre o varón y viceversa, si después del cambio todo queda más o menos igual se puede asegurar que no hay sexismo en el lenguaje. No obstante, si al leerlo resulta chocante debemos analizar el resultado y como casi siempre encontraremos una situación sexista, debemos proceder a cambiarla. Los análisis, las controversias y discusiones sobre éste y otros temas relacionados con las mujeres son importantes y saludables para la izquierda puertorriqueña. De esta forma nos acercamos cada vez más a una sociedad más igualitaria y equitativa porque soñamos con una sociedad democrática en donde el género sexual no sea un obstáculo para el desarrollo de las personas. La historia demuestra cómo a veces es necesario y saludable salirse de las normas para educar en libertad. El hacernos conscientes de la influencia del lenguaje en nuestras percepciones puede llevarnos a cambiar sus usos. Lo que no se justifica es el uso de manifestaciones vejatorias, ofensivas o degradantes a personas o grupos a nombre de la libertad de expresión o por un rígido purismo idiomático. La lengua, afortunadament,e es viva y evoluciona con la sociedad.


Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=71380

Cuida tu lenguaje, lo dice todo.
Manual de Instituto Asturiano de la Mujer. (recomendable para corregir los usos del lenguaje). En: http://www.ciudaddemujeres.com/articulos/IMG/pdf/Cuidatulenguaje.pdf

11 comentarios:

Javo León dijo...

Muy interesante el artículo...
Una observación: el color sólido de tu blog y el texto en abundancia hace que te pierdas cuando bajas para seguir leyendo.

Janoengels dijo...

La extensión de los artículos es inherente al carácter que le quiero dar al blog;… como un blog de dialogo en torno a cuestiones políticas. En torno a la confusión al bajar el blog, te recomiendo darle más “zoom” al blog para agrandar las letras; no se me ocurre nada más para poder facilitar su lectura. En cuanto al color del blog, no es de mi interés cambiarlo, por que ese color es el color del movimiento comunista internacional. Respecto de las letras: ¿crees que otro color en las letras ayudaría a la lectura?

Por cierto, gracias por el comentario. Como notaste el articulo no es mío, pero siempre trato de poner cosas interesantes en el blog.

PD: ¿contestaste las encuestas que aparecen en el lado derecho de mi blog?

Janoengels dijo...

Javo, algo no comente en tu blog:
Te invito a seguir viendo el resto de los artículos de mi blog. Por el incide temático, a inscribirte para pedir actualizaciones del blog, etc.

Rafael Valladares de la Santa Cruz dijo...

El español es un idioma suuuuuper sexista, quien no lo quiera ver es porque no le da la gana de entenderlo

Amador García dijo...

Buscando información sobre la opinión general sobre el sexismo en la lengua castellana, he encontrado este blog que a priori parece muy interesante. Sin embargo, he de coincidir con Janoengels en que es difícil de leer, y creo que su consejo es crucial. Entiendo que quieras tener tu color rojo como representación del comunismo, pero nadie utilizaría ese color para editar comentarios o cualquier otro tipo de texto de lectura (incluyendo el manifiesto comunista), pues lo hace pesado a la vista. Cansa enormemente. Si me permites un consejo que como todo consejo es sólo una idea que puedes seguir, sumar a las tuyas o directamente tirar a la basura, te sugeriría que si bien utilizaras el rojo en un logo de la página (y de paso poner los textos del logo en amarillo) y dejes el resto de la página en un fondo más legible y si lo prefieres más neutral como el blanco. Porque yo soy comunista, pero no visto siempre de rojo, no me hace falta, lo llevo impregnado en mis neuronas que es donde hace falta de verdad.

Amador García dijo...

Respecto al artículo que aun a fuerza de quedarme ciego momentáneamente, he leído íntegro. Quisiera comentar que estoy de acuerdo totalmente en que la lengua castellana es sexista-machista. Pero no coincido en la idea de que la culpa es de los académicos. Puede que en origen sí, pero actualmente la RAE recoje todas las modificaciones que sufre nuestra lengua en la calle. Y por ahora, no se utilizan de forma común, esos términos que se pretenden actualizar. Tiempo al tiempo.

Amador García dijo...

Por cierto, se me ha olvidado agregar que sintiéndolo mucho en mí no vas a encontrar a un seguidor de tu blog. Aunque coincida en ideología contigo, prefiero preservar mi vista. Y además no me agrada tu terminología ("tortillera", "marica") que es más sexista y despectiva que la que refiere el artículo que has transcrito en tu blog. Para ser consecuente, deberías cambiar "feminista" por "mujer insatisfecha y con mala hostia" y "proletaria" por "chusma". Terminos igual de horrorosos que el resto utilizado en la frase. Y por el contrario, si quieres ser menos agresivo, deberías cambiar "tortillera" por "homosexual" o "lesbiana" y "marica" por "homosexual" o "gay" (éste último recogido hace bien poco por la RAE).

Janoengels dijo...

Amador García, gracias por comentar en mi blog, tu y Javo León tienen razón (no fue idea mia lo e cambiar el color, yo soy el adm. del blog.). Estoy de acuerdo con que le debo cambiar el color al blog, el poblema es que no he encontrado unx diseñadorx que me enseñe como arreglarlo, me gustaria ponerle un "banner" (creo que se llaman...) como logo, y cambiarle el color al blog, tal como me sugieres.

Yo tampoco paso todo el dia de rojo, de hecho no tengo ropa roja.

El lenguaje no es ofencivo per se... como dicen por ahi, el significado no tiene relación con el significante.

Sabes Amador, en la actualidad existe un movimiento critico dentro del mumdo LGTB, llamado "Queer" (cuir) que en español seria como decir maricon, trolo, camiona, tortillera, etc.
yo uso esos terminos "tortillera" y "marica" por que ahi orgs. LGTB, que usan esos terminos para autocalificase, como un grupo lesbico que se llama (o llamaba, no lo recuerdo) "Revolución Tortillera".

Buscare a alguien que me acesore para cambiarle "la cara" a esta bitácora.

Amador García dijo...

Estimado Janoengels. En primer lugar, comentarte que es de agradecer que hayas respondido a mi comentario con tanta educación. No es que no esperara menos de ti, simplemente es que ya no es habitual entre los bloggers de este mundo virtual. Y por ello quiero darte a conocer mi satisfacción con tu respuesta.

Quería insistir en el cuidado del lenguaje, tal como te comenté en mi anterior comentario. Como bien sabrás, queer tiene varios significados en castellano como extraño, torcido o inusual. Más o menos sinónimos todos ellos, pero siempre usado de manera despectiva. Ese movimiento Queer del que desconocía su existencia supongo que debe estar basado en la Teoría Queer. Esta teoría nos transmite que todos los colectivos son iguales en lo que a anomalías se refiere. Y que la identidad sexual o social no está establecida en la naturaleza humana. Lo que en resumen quiere decir que todos somos anómalos (queer) y por lo tanto todos somos normales. Estableciendo esa ironía, y siguiendo las bases de la teoría, no veo nada de despectivo en usar la palabra queer para nominar un movimiento, una organización o lo que sea.

Por otro lado, lo de tortillera si que lo veo un grave error. Creo que si queremos que nos tomen en serio a la hora de eliminar el machismo, androcentrismo, o como quieras llamarlo del diccionario, antes que nada debemos demostrar que somos conscientes de nuestro idioma. Y no creo que llamándonos tortilleras lo estemos siendo, pues es un término despectivo que arremete contra un único colectivo. Quizás haya una explicación que yo no llego a ver, es muy probable, porque siempre se puede aprender algo nuevo en esta vida. Pero desde luego, autollamarse tortillera sería equivalente a la vez que totalmente contrario a que los negros utilizáramos el calificativo hipócrita de “personas de color”. Una cosa es que coloquialmente nos llamemos negratas, sudacas, tortilleras, maricas, maricones, etc. Y otra muy distinta es cuando queremos luchar por un mundo justo, por una lengua justa. En ese momento, tenemos que ser más serios y más disciplinados con el idioma o nuestra lucha se convierte en inerme, predispuesta a ser ridiculizada y fácilmente impugnable.

Janoengels dijo...

descuide compañero, todas las sugencias y criticas deben ser recogidas en algun sentido...
Y pasando a lo de los usos del lenguaje, personalmente considero tal como ud dice..., claramente (y al menos) en un principio, el autoproclamarse con categorias que coloquialmente, tienen malos significados puede ser un riesgo para los gupos, sin embargo ese es el riesgo politico si un grupo quiere REAPROPIARSE de las palabras que le perjudican(vease: "Reapropiación", en:
http://es.wikipedia.org/wiki/Reapropiaci%C3%B3n )
creo que eso es lo que quieren hacer grupos como las lesbianas de "Revolución Totillera"
Tambien considero que la seriedad o no seriedad del lenguaje es algo contextual e historico. P. e. decir un termino campesino en medio de la cuidad es un sintoma de una enfermedad psiquiatrica (ver "Psicopatologia y Semiologia Psiquiatrica" de Ricardo Capponi) (guardando la salvedades correspondientes, claro); otro ejemplo es el hecho que la RAE oficializara la acepcion chilena de la palabra "cachar", que hasta hace solo 5 años en el pais era considerada como parte del lenguaje del hampa (todavia lo sigue siendo, sin embargo el hampa consiguio la oficializacion POR MEDIO DEL USO) (ver "cachar" en la RAE; 3º acepción correspondiente a Chile, en:
http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=cachar)

Amador García dijo...

Estimado Janoengels, es interesante que me intente explicar lo que significa una palabra no recogida por la RAE, con un artículo de la Wikipedia que no sabemos si está revisado. Pero más interesante es que ese artículo termine diciendo “El éxito de estos procesos culturales es discutible”, pues esta frase viene a decir lo mismo que acababa yo diciendo en mi anterior comentario. Por otro lado, también es discutible la sensatez y el interés por la lengua española de la persona a quien se le ocurriera aplicar el prefijo “re” al verbo “apropiar”, verbo que por sí solo ya tiene la acepción que buscaba. Pues apropiar es hacer propio algo que a priori no lo era. “Reapropiar” es equivalente a términos erróneos y bastante inútiles como “autosuicidarse” o “preiniciar” que he tenido la desgracia de encontrar en mi vida.

Si tenemos que considerar la “no seriedad del lenguaje”, ¿para qué nos quejamos del machismo de la RAE? Bajo ese contexto podemos reinventar las palabras a gusto de cada cual y por lo tanto, no nos debe importar que hace la RAE con las suyas. Que cada uno libere su anarquía en la lengua a su gusto y no intente cambiar la RAE, ya que nos “cagamos” en ella.

No voy a hablar de opiniones o concepciones de índole psiquiátrico porque creo que no aplican a este debate sobre el artículo de la RAE, que nada tiene que ver con estudios psiquiátricos. Respecto a esto, no creo que haga falta recordarle que mientras la RAE ya tenía más de trescientos años de historia, se practicó la primera lobotomía que durante treinta y dos años se convirtió en la única solución para todas las enfermedades psicológicas conocidas (en ocasiones incluidas entre estas el pensamiento comunista). Si bien, no quiero decir con esto que no crea en la psicología, es evidente que no es referente para justificar cambios en la RAE pues no tiene nada que ver y es un campo bastante joven a la par que complicado.

Respecto a la acepción que comentas de “cachar”, en principio, he de comentarte que la RAE no oficializa nada, ya que oficializar solo lo pueden hacer los estados y la RAE es una institución que nada tiene que ver con la política y por ende con ningún estado. La RAE como bien sabrá, es una institución que se fundó en 1713 y desde entonces ha funcionado independientemente de qué tipo de gobierno o qué tendencia política hubiera en el estado. Actualmente hay veintiuna academias repartidas por todo el mundo y todas están fuera de cualquier concepción política.

Por otro lado, he de decirle que no sé nada sobre el origen de tal acepción y por lo tanto voy a creerle cuando dice que viene del hampa, porque imagino que se ha documentado antes de exponer tal hecho. Lo que no voy a creer es que solo las personas vinculadas al hampa sean quiénes de alguna manera, han originado la aceptación en la RAE por medio del uso, si no más bien todo el pueblo chileno. Y para ello le remito a este artículo de Onomázein (Revista de Lingüística, Filología y Traducción de la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile) http://www.onomazein.net/13/13_6.pdf y esto vuelve a explicar porque es tan importante la conciencia colectiva y no la separatista como “revolución tortillera” si lo que se pretende es actualizar, mejorar o eliminar el androcentrismo de la lengua. Evidentemente, el pueblo chileno no luchó para que la RAE recogiera esa palabra, simplemente la usaba y al final la RAE la recogió. Porque entre otras cosas, la RAE no pone y dispone los términos que se pueden usar o no, es el pueblo quién lo hace. La RAE solo actúa de fiel notario de lo que el pueblo usa o deja de usar.